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CUBA, EN RIESGO DE COLAPSO ENERGÉTICO TOTAL

Desde hace varias semanas, el régimen cubano atraviesa una crisis energética de gran magnitud que amenaza con paralizar por completo el funcionamiento del país. La escasez de combustible ha provocado apagones generalizados, interrupciones en el transporte y una creciente presión social en una economía que ya llevaba años funcionando al límite.

En este contexto, diversos analistas consideran que el destino inmediato de la isla podría terminar dependiendo de la política exterior de Estados Unidos y, en particular, de las decisiones del actual secretario de Estado, Marco Rubio; cuya familia es de origen cubano, condición que ha impulsado enormemente su carrera política.

El agravamiento de la crisis energética comenzó el 29 de enero tras el embargo de Estados Unidos sobre los envíos de petróleo extranjero a la isla, medida que buscaba cortar una de las principales fuentes de energía del país. La interrupción de estos flujos ha reducido drásticamente las reservas de combustible disponibles, hasta el punto de que algunos análisis estimaban que Cuba sólo contaba con entre 15 y 20 días de suministro al ritmo de consumo habitual.

La estrategia estadounidense busca forzar al gobierno cubano a negociar reformas políticas o, incluso, facilitar una transición de régimen. La Casa Blanca sostiene que la economía cubana difícilmente puede sostenerse sin acceso al mercado energético internacional, sobre todo porque el país produce internamente una parte muy limitada del petróleo que necesita.

Sin embargo, el efecto inmediato de toda esta presión es un notorio deterioro de la situación socioeconómica. Los apagones se han intensificado en todo el territorio y, en momentos de alta demanda, el déficit energético ha dejado sin electricidad a gran parte de la isla; afectando también al transporte, la producción de alimentos y a otros servicios básicos.

Ante esta situación, algunos países que mantienen estrechas relaciones con La Habana han tratado de ofrecer su ayuda. México ha enviado cargamentos de petróleo a través de su empresa estatal Pemex, además de ayuda humanitaria. Rusia, por su parte, ha reiterado su apoyo político y económico. No obstante, todas estas iniciativas parecen insuficientes para compensar la crisis del principal socio energético de la isla: Venezuela. A pesar de estas promesas, los envíos efectivos de petróleo siguen siendo muy limitados.

Al producir Cuba una pequeña fracción del petróleo que consume depende en gran medida de las importaciones para alimentar sus centrales térmicas y su red de generación distribuida. Ante esta interrupción del flujo, se cree que el país se acerca a su “hora 0”. Sin energía, las consecuencias se multiplican: No hay economía, ni producción de alimentos, ni servicios públicos. Con la asfixia del sistema, la vida se paraliza.

La teoría es que los Estados Unidos buscan debilitar el control estatal sobre la economía cubana y abrir la puerta a una transformación política del país. No obstante, el futuro sigue incierto; Cuba ha resistido décadas de sanciones externas, pero nunca había afrontado una vulnerabilidad energética tan profunda.

Estela Crespo