La capacidad de una gran potencia para mantener su posición internacional no depende únicamente de sus fuerzas armadas o de su superioridad tecnológica. También necesita una economía capaz de sostener el coste de su política exterior y de defensa. Esta relación constituye la base de la denominada “Ley de Ferguson”, formulada por el historiador británico Niall Ferguson, según la cual una gran potencia puede entrar en un proceso de decadencia estratégica cuando el coste del servicio de su deuda supera el presupuesto destinado a defensa. La situación actual de Estados Unidos y Europa ha vuelto a situar esta advertencia en el centro del debate sobre el futuro del poder de las potencias occidentales.
Para comprender esta relación es necesario entender el papel de los mercados de deuda pública. Cuando los ingresos de un Estado no son suficientes para financiar sus gastos, este puede recurrir a la emisión de bonos. Al adquirir uno de estos títulos, los inversores prestan dinero al Estado a cambio de recibir los intereses establecidos y recuperar el capital en la fecha de vencimiento. En su libro El triunfo del dinero, publicado en 2008, Ferguson explica cómo estos mercados han condicionado históricamente las decisiones de los gobiernos. El autor comienza con una anécdota protagonizada por James Carville, principal estratega de la campaña presidencial que llevó a Bill Clinton a la presidencia de Estados Unidos en 1992. Carville afirmó que, si pudiera reencarnarse, querría hacerlo como mercado de bonos, porque “así puedes intimidar a todo el mundo”. La frase refleja la influencia que los inversores pueden ejercer sobre los gobiernos, especialmente cuando estos dependen de la financiación de los mercados. Los bonos también han desempeñado un papel fundamental en la financiación de las guerras. Sus orígenes modernos se remontan a las ciudades italianas del Renacimiento, que recurrieron al endeudamiento para costear sus conflictos militares. Posteriormente, esta capacidad de financiación permitió a las grandes potencias sostener campañas prolongadas y desempeñó un papel relevante en acontecimientos como las Guerras Napoleónicas y la Guerra Civil estadounidense.
La situación fiscal estadounidense constituye actualmente uno de los principales ejemplos de la advertencia de Ferguson. La deuda pública de Estados Unidos ha superado los 40 billones de dólares (trillones americanos), mientras que el pago anual de intereses ha alcanzado niveles superiores al billón. Esta partida ya supera el presupuesto destinado a defensa, reflejando el creciente peso del endeudamiento sobre las cuentas públicas. El problema es que una parte cada vez mayor de los recursos del Estado debe destinarse al pago de intereses, reduciendo el margen disponible para otras prioridades. Además, cuanto mayor es el volumen de deuda, mayor puede ser la vulnerabilidad ante un aumento de los tipos de interés o una pérdida de confianza de los inversores. En consecuencia, la capacidad de Washington para mantener sus compromisos militares también depende de su capacidad para financiarse en condiciones sostenibles. La guerra contra Irán constituye un claro ejemplo reciente del elevado coste de las operaciones militares. Según estimaciones difundidas por el Pentágono, el conflicto había supuesto ya un coste estimado de 47.100 millones de dólares para Estados Unidos a fecha de 16 de octubre.
Europa tampoco está exenta de este problema. Los países europeos afrontan elevados niveles de deuda, déficits presupuestarios y una creciente presión sobre el gasto social, especialmente por el envejecimiento de la población y el aumento de las pensiones. A estas dificultades se suma ahora la necesidad de incrementar la inversión en defensa. En la cumbre de La Haya de junio de 2025, los miembros de la OTAN acordaron elevar progresivamente su inversión en defensa y seguridad hasta alcanzar el 5 % del PIB en 2035. Este compromiso incluye un 3,5 % destinado a capacidades militares fundamentales y un 1,5 % adicional para otros ámbitos relacionados con la seguridad, como la protección de infraestructuras y la ciberseguridad. El cumplimiento de estos objetivos supondrá un importante esfuerzo financiero. Los gobiernos europeos tendrán que compatibilizar el aumento del gasto en defensa con el mantenimiento de otras partidas presupuestarias. Aunque la emisión de deuda permite obtener financiación adicional, recurrir a ella de forma continuada también incrementa los intereses que deberán pagarse en el futuro.La historia demuestra que el poder militar de una gran potencia no depende exclusivamente de sus capacidades sobre el terreno. También necesita una base económica y financiera que permita sostener sus compromisos a largo plazo. La Ley de Ferguson advierte precisamente de los riesgos que supone destinar una parte creciente de los recursos públicos al servicio de la deuda en detrimento de otras prioridades. La situación de Estados Unidos y los desafíos presupuestarios europeos muestran que la financiación de la defensa constituye una cuestión fundamental para el futuro de las potencias occidentales, ya que puede limitar la capacidad de actuación de un Estado.
Diego Soto Aguilera, Analista Colaborador
