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LA NUEVA ESTRATEGIA DE SEGURIDAD NACIONAL DE ESTADOS UNIDOS RETRATA A EUROPA: UNA VISIÓN CRÍTICA SOBRE AUTO CONFIANZA Y PODER MILITAR DE LA UE

Pese a la controversia que siempre rodea a Donald Trump, una de sus afirmaciones recientes resulta difícil de rebatir: la Unión Europea carece, a día de hoy, de una capacidad de defensa suficiente para afrontar los conflictos del siglo XXI sin el respaldo de Estados Unidos. La Administración Trump ha hecho pública la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos 2025 (en adelante ESN25)[1], cuyas páginas (no muchas, de la 24 a la 27) analizan de manera cruda la situación europea y no deberían dejar indiferente ni a la Unión Europea ni, por supuesto, a los jefes de Estado y de Gobierno de los veintisiete Estados miembros.

Una Estrategia de Seguridad Nacional es un documento mediante el cual un Estado identifica y jerarquiza sus intereses fundamentales, evalúa las amenazas y riesgos que los comprometen y establece los instrumentos políticos, militares, económicos y diplomáticos destinados a su protección[2]. En el caso de Estados Unidos, la ESN25 cumple formalmente con una obligación legal del presidente de informar al Congreso, pero en la práctica va mucho más allá de un simple informe, porque funciona como el marco general que orienta toda la política exterior y de seguridad del país: desde la planificación militar y la diplomacia hasta la política económica, tecnológica o energética. En lo que respecta al contexto europeo, el análisis resulta especialmente relevante, ya que las estrategias adoptadas por Estados Unidos inciden de manera directa en la configuración de las dinámicas globales y, de forma particular, en la orientación de las políticas europeas.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el papel de Europa en materia de seguridad ha consistido, esencialmente, en ampararse bajo la protección estadounidense. Este hecho no constituye una novedad. Donald Trump lleva situando a la OTAN en el centro de su discurso crítico desde su primera legislatura, cuestionando abiertamente su utilidad y llegando, en los últimos años, a poner en duda la continuidad de la permanencia de Estados Unidos en la Alianza. En este contexto, Trump ha instado de forma reiterada a los Estados miembros a incrementar su gasto en defensa, una exigencia que ha generado una notable polarización política en España (único país que ha mostrado públicamente su oposición a este compromiso y que ha visto deteriorarse su imagen exterior por este motivo).

Tal y como había anunciado el actual 47.º presidente de los Estados Unidos, y, dejando de lado los tintes ideológicos, la ESN25 insiste en la necesidad de que Europa recupere auto confianza, asuma la responsabilidad de su propia defensa y recupere el control efectivo sobre su seguridad.

Esta directriz puede parecer simplista en su formulación. Sin embargo, si se analiza el papel desempeñado por la Unión Europea en conflictos recientes —como la guerra de Ucrania— resulta evidente que el recurso casi exclusivo a la diplomacia ha sido insuficiente. Las acciones europeas en materia de seguridad han mostrado una incapacidad real para alcanzar sus objetivos estratégicos, y el papel negociador de la Unión frente a Moscú ha sido irrelevante. Así lo señala la estrategia americana, categorizando a Europa como una región vulnerable frente a las invasiones territoriales, débil a la hora de negociar condiciones de paz —como se ha demostrado en los conflictos entre Rusia y Ucrania o entre Armenia y Azerbaiyán, ambos profundamente condicionados por la intervención estadounidense y con una participación europea meramente secundaria— e incapaz de ejercer un control efectivo sobre sus propias fronteras, como demuestran las recurrentes crisis migratorias.

Estas duras declaraciones subrayan que el pueblo europeo se ha acomodado progresivamente a esta situación de dependencia. Una situación que los Estados Unidos no están dispuestos a seguir sosteniendo. La Administración Trump comienza a advertir con claridad que, sin su respaldo, Europa carece de una capacidad real de reacción y afirma tajantemente que “si nada cambia, el continente será irreconocible en 20 años o menos”.

Esta realidad plantea una cuestión de fondo difícil de eludir: ¿hasta qué punto pueden considerarse soberanos los Estados europeos si su seguridad depende estructuralmente de Estados Unidos? Y, en última instancia, cabe preguntarse si Europa, al renunciar de facto a una autonomía estratégica propia, no ha terminado por convertirse en una suerte de colonia moderna bajo el paraguas de la potencia estadounidense.

En cualquier caso, la injerencia de la ESN25 en un ámbito soberano de la UE no ha caído en saco roto y ha provocado un gran malestar en la Unión Europea. Kaja Kallas, Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores, respondió señalando que la crítica no es aceptable aunque posea parte de certeza ya que, según ella “Europa está subestimando su propia fuerza”. Del mismo modo, António Costa, el presidente del Consejo de la UE, declaraba que asumía que “para protegernos no solo de nuestros adversarios, sino también de los aliados que nos desafían, debemos fortalecer Europa”.

Por otro lado, la ESN25 reconoce que Europa sigue siendo un socio imprescindible, tanto por su peso económico como por su relevancia cultural. Sumado a esto, el comercio transatlántico continúa siendo un pilar fundamental de la prosperidad estadounidense, lo que evidencia que prescindir de Europa no es una opción viable.

En este sentido, más allá de las críticas recurrentes a la dependencia europea de Washington, lo verdaderamente preocupante del documento es que afirma una supuesta superioridad militar europea frente a Rusia en el plano convencional, por lo que Rusia no debería ser una amenaza existencial para Europa, a pesar de la incontestable superioridad nuclear de Rusia, solo equilibrada por EEUU.  

La ESN25, dentro de su apartado europeo, dedica a Ucrania un papel relevante, al priorizar un cese rápido de las hostilidades con el argumento de estabilizar la economía europea y evitar una escalada incontrolada. Washington introduce un marco negociador que converge de forma inquietante con las exigencias rusas y desautoriza, de facto, la posición europea al calificar sus expectativas para Ucrania como “poco realistas”. Europa queda así retratada no como un actor con voz propia, sino como un espectador emocionalmente implicado, pero políticamente ingenuo, en un conflicto gravísimo que se desarrolla en su inmediato entorno. Este desplazamiento revela que la Administración Trump ya no concibe las alianzas tradicionales como anclajes permanentes, sino como instrumentos revisables al servicio de su primacía global. El progresivo distanciamiento estadounidense de Europa, lejos de fortalecer la estabilidad continental, materializa una vieja aspiración rusa heredada de la Guerra Fría: una Europa aislada, fragmentada y sin capacidad para articular una respuesta común frente a Moscú, un escenario que, sin estridencias ni conquistas visibles, inclina silenciosamente la balanza a favor del Kremlin.

En consecuencia, las declaraciones estadounidenses no sólo deben interpretarse como una crítica o una advertencia, sino que, en un análisis más profundo, muestran cómo las acciones del águila imperial marcan una nueva tendencia global en la que Europa queda relegada. La ESN2025 solo confirma para Europa lo que la administración norteamericana lleva afirmando desde la primera legislatura del actual presidente: “América va primero”. Así se ha demostrado en su política exterior, de manera coherente, al primar la estabilidad económica europea a costa de Ucrania. No se busca la paz en Ucrania per se, se busca la fortaleza del mercado europeo, para que Europa siga siendo un aliado fuerte de EEUU, que cubra por sí mismo el flanco del atlántico norte frente a Rusia, mientras USA compite con China por la hegemonía en el Pacífico. De esta manera, se ha revelado que Europa ya no es reina en ningún tablero, sólo es un peón más. La ESN2025 no es una crítica ideológica estadounidense a las políticas europeas, es la prueba de que el Poder Militar de la UE (y por tanto de España y el resto de Estados Miembros) debe multiplicarse lo antes posible, porque, de lo contrario, Europa corre el riesgo de consolidarse como un actor subordinado política y militarmente en el escenario internacional, un pobre lacayo que va, no donde quiere ir él, sino donde le dicta su emperador.


[1] https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2025/12/2025-National-Security-Strategy.pdf?hl=es-ES   

[2] Se puede comparar la ESN25 de USA con la actual ESN de España, de fecha 2021: https://www.boe.es/boe/dias/2021/12/31/pdfs/BOE-A-2021-21884.pdf

Alicia González